Un nuevo idioma

Por Mary Daza Orozco/El Pilón

Se acaba de celebrar el día E, que quiere decir el día de los hispanohablantes. Lo inventó España con la idea de que todos los que hablan el español, en distintas partes del mundo, lo defiendan y se sientan hermanados por el mismo idioma.

Como actividad central se escogió la palabra más bonita en español, las votaciones, que se realizaron a través de la Web, dieron como ganadora a Querétaro propuesta por Gael García Bernal; está claro que los “manitos” votaron en masa, quizá más por la apostura del actor proponente, que por la belleza del término que no es español, es náhuatl y lo hablan aproximadamente dos millones de mejicanos.

¿Qué pasaría si un colombiano, Juanes por ejemplo, hubiera propuesto: Subachoque o Sandoná? Quizás todavía se estarían riendo de nosotros. A propósito, Shakira propuso libertad y Vargas Llosa, sueños.

La escogencia de Querétaro como la palabra más linda, no es tan grave para el idioma español que tiene tantos términos indígenas: canoa fue el primero en adoptarse; lo grave es la manera como se está tratando el idioma, cada quien inventa palabras y se hacen verbos de sustantivos, se ignoran las normas gramaticales, eso aunado a los inventos que se dan con profusión, confunden a los jovencitos que al escucharlos los creen correctos y los usan, ejemplo el de un presentador de televisión mejicana que proclamaba las bondades de un plan de telefonía celular y dijo: “Los mensajes de texto son gratis, apúntate y `mensajea´ todo lo que quieras”; sería prolijo seguir enumerando casos como estos.

Otra periodista en un comentario sobre unos buses en Quito, aseguró: estos vehículos se “renovan”, cada diez años. No se asuste si escucha la palabra “operacionalización”, la usan mucho los docentes, pero no he dado con el significado. Colapsar, es derrumbarse, derivado de colapso que es desmayo, síncope; se puede decir colapsó el edificio, pero no lo que me contó una amiga: “Vino tanta gente a la fiesta que los quinientos vasos y las toallas que tenía, colapsaron” (quiso decir no alcanzaron).

La ortografía va de mal en peor, en eso debemos cuidarnos los columnistas, porque estamos en una página especial y si en ocasiones cometemos errores de digitación o precisión, porque no hay vacunas contra los errores, debemos sí ser cuidadosos en no cometer gazapos estridentes como el que se le escapó a una columnista la semana pasada: “zacear” usado por saciar, de saciedad, la primera se refiere a espantar, alejar, asustar, palabra en desuso. Otro error de un columnista, fue “ingerencia” por injerencia, la primera con g solo se usaría si se refiriera a tragar, beber (ingirió alcohol) y ese no era el caso.

En cuanto a puntuación después de signos de interrogación no se escribe punto aunque sea el final del escrito, ni se escriben comas para seguir interrogando, es incorrecto Ej. ¿Cuándo vendrá la paz?, ¿Cuándo vendrá el sosiego?

Y existen imprecisiones que mueven a risa, en este diario se tituló: “Desaparecidos protestan…” Si protestan es porque ya aparecieron.

Me dirán: ¿Acaso usted no te equivoca? Sí, y mucho, pero estamos para corregirnos, sin ofensas, sólo con el ánimo de que nuestras columnas, además de ser de opinión, también sean un retacito de buen español, ya que de seguir así estaremos ante otro idioma que tendrán que aprender los jóvenes, porque los de mi generación nos quedaremos con las normas y solo con los cambios que haga la RAE, como ese solo sin tilde.

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